Hay cosas en la vida que vienen de improvisto, una de ellas
es el amor, cuando crees haber tocado fondo y que nada puede mejorar sucede, en
un instante, en una mirada o un gesto, en un solo segundo tu vida cambia
absolutamente por completo, pasas de sentirte vació y fuera de lugar a pasar el
primer puesto en el podio de la felicidad, así de extraño y así incomprensible
pero a la vez, todo cobra un nuevo sentido, un nuevo sentimiento que hacía
tiempo que no sentías vuelve a llamar con insistencia, y tienes dos opciones,
salir huyendo como un cobarde, o hacerle frente, esa decisión cambia una vida,
puedes pasártela reflexionando y cagándote en todo por no haber tenido los
cojones suficientes para mostrar esos sentimientos y por haber negado dentro de
ti aquello que sabias que estaba ahí, y que en el fondo de ti sabias que
estaba, o puedes armarte de valor, y salir de dudas, abrir tu corazón, decir a
esa persona que con solo una mirada a cambiado tu mundo, que ella es por la que
ya no duermes, o que cuando lo haces ocupa tus más bellos sueños, y que gracias
a dichos sueños despiertes contento y alegre viendo la vida de otro color más
dulce y cálido.
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